Reconocer un problema

Reconocer un problema

Reconocer un problema

El primer paso para resolver un problema es reconocer que se tiene uno. Negarlo, ocultar su existencia, o minimizarlo, sólo lleva a prolongarlo e, incluso, agravarlo aún más. Es como el alcohólico que no reconoce que tiene un problema con la bebida o el ludópata que no acepta lo pernicioso que son las apuestas para él. 

Por eso resulta preocupante que el presidente Andrés Manuel niegue que la violencia delincuencial en México esté aumentando, que el número de ejecuciones y asesinatos sigue creciendo sin control. 

En el primer semestre del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el número de asesinatos tuvo una cifra récord en los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública: 17 mil 500 personas asesinadas entre diciembre de 2018 y mayo de 2019, de las cuales 17 mil once corresponden a casos de homicidio doloso y 489 a feminicidios. 

Hablamos de un problema en ascenso, que sigue empeorando vertiginosamente: de diciembre del 2018 a febrero del 2019, según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, se cometieron en el país 13 mil 025 homicidios dolosos. La cifra representa un aumento del 13 por ciento en relación con el mismo periodo del año pasado. 

Contextualicemos: el primer trimestre del gobierno de AMLO fue el más violento en la historia de México. Fue el primer trimestre más violento de los últimos cuatro sexenios: es 48 por ciento peor que el primer trimestre de Enrique Peña Nieto y 150 por ciento peor que el de Felipe Calderón. 

Los números están ahí, son contundentes. Pero el presidente en lugar de reconocer esta realidad y actuar en consecuencia, asumir su responsabilidad y trabajar para revertir estos malos resultados, descalifica y desacredita la misma información emanada de su gobierno. 

¿Así, desconociendo el problema, cómo trabajar para resolverlo? Eso es lo más desalentador de esto nuevos tiempos de la 4T, donde se nos pinta un mundo sin corrupción sistémica y donde la violencia, los asesinatos, todo lo malo que pasa en México es producto de los fifís, conservadores, de las oligarquías. 

Pero los muertos ahí están; el dolor de las víctimas de la violencia ahí sigue, como heridas que no cicatrizan. Los desaparecidos siguen doliéndonos con su ausencia. Veo el caso de Colima: sí, hay violencia; un combate cruento entre criminales que ha dejado a su paso una estela de muertos. 

Sin embargo, el gobernador Ignacio Peralta reconoce el problema, lo acepta y trabaja para resolverlo con acciones concretas, muy específicas como la inversión superior a los 800 millones de pesos para construir el C5i, infraestructura que apuntalará el trabajo de inteligencia contra el crimen. Se ha coordinado, además, con los ayuntamientos y el gobierno federal para mejorar el trabajo contención a la delincuencia. 

Es cierto, falta mucho por hacer y estamos muy lejos, aún, de recuperar la paz y tranquilidad que caracterizaba a Colima hace ya más de una década. Pero tenemos una autoridad en Colima que reconoce el problema y actúa en consecuencia, a pesar de que algunos actores siguen el juego perverso del 2021 y toman decisiones con fines electorales más que políticos. 

Aseguran ciertos actores que lucran mediáticamente con los asesinatos, que en Colima la violencia está imparable y es imposible la vida, cuando el gobierno de AMLO no considera al estado como una de las entidades más violentas, por lo que estamos dentro de los estados prioritarios para la atención en delincuencia.

Así la situación. Porque como no se vale ignorar la realidad, tampoco es válido sobredimensionar los hechos. Y es que lo importante es actuar con base a la realidad, a la verdadera situación para implementar la estrategia adecuada. 

Dos puntos 

El presidente López Obrador tiene toda la fuerza política y el respaldo ciudadano para impulsar las grandes reformas que necesita el país. Una, impostergable ya, es la del sistema de justicia. Si ya avanzamos a un sistema de justicia más garantista, ahora tenemos que hacer las actualizaciones pertinentes para abatir la impunidad y garantizar un cabal cumplimiento del estado de derecho. 

 

César Barrera

César Barrera