¿Qué pasa en Chile?: La sequía en medio del oasis

¿Qué pasa en Chile?: La sequía en medio del oasis

¿Qué pasa en Chile?: La sequía en medio del oasis

El 8 de octubre del presente año, el Presidente Sebastián Piñera afirmaba en el programa televisivo Mucho Gusto que, “en medio de una América Latina convulsionada, Chile es un verdadero oasis”. Agregando que el país goza de estabilidad democrática, crecimiento sostenido, y haciendo elogio de la generación de empleos que fue referente de su primer periodo de gobierno de 2010 a 2014; siendo por supuesto el principal emblema de la campaña electoral que lo llevó a ocupar la silla presidencial por segunda ocasión.

Sin embargo, a este oasis le llegó la sequía. Luego de que a principios de octubre se anunciara que el precio del pasaje del metro aumentaría en un 3.75% llegando a costar 1,16 dólares, se desató el descontento de la población; manifestándose a manera de protestas que comenzaron con la evasión del pago de la tarifa; continuando con la destrucción, así como quema de la infraestructura del tren subterráneo; escalando hasta saqueos a puntos de venta de empresas transnacionales y la destrucción de oficinas corporativas de la empresa proveedora de energía Enel.

La respuesta del gobierno ha sido declarar un estado de emergencia, lo que implica que las fuerzas armadas salgan a las calles a realizar labores de seguridad pública. Cabe mencionar que este recurso legal no había sido utilizado desde los años 70’s durante la dictadura de Augusto Pinochet. Además, el sábado 19 el Presidente suspende de manera oficial el alza de precios del servicio de transporte público.

Pero, ¿por qué esto no fue eficaz para acabar con las protestas? Sí, después de todo, fue ese el principal motivo de la situación actual, ¿cierto? En realidad, no. Lejos de ser el fondo del asunto, el aumento de precios del pasaje subterráneo solo fue la causa que detonó la creciente molestia social que durante los últimos años se ha acumulado en la población chilena.

Si bien es cierto que este país goza de estabilidad macroeconómica: crecimiento sostenido e inflación en los niveles objetivo de la Banca Central; el estudio de la ciencia económica nos dice que crecimiento no es igual a desarrollo, y este es un muy buen ejemplo de ello.

En primer lugar, Chile es el segundo país integrante de la OCDE más desigual, solo por detrás de México, según el documento Society at Glance 2019 de la OCDE, y no solo eso, sino que además la movilidad social se ve bastante afectada por esta desigualdad, ya que el mismo informe señala que “podría necesitarse que pasaran seis generaciones para que los descendientes de una familia ubicada en el 10% más bajo de la distribución de ingresos alcanzaran el ingreso promedio”.

Aunado a esto, el costo de la vida en Chile es bastante alto; a partir de la Encuesta Mundial de Costo de Vida 2019 de la Unidad de Inteligencia de The Economist, se concluyó que Santiago no solo es la ciudad más cara de América Latina, sino que además es la cuarta más cara del mundo, siendo comparable con París, Singapur y Hong Kong. Algo que contrasta con la vida diaria de los chilenos, pues el sueldo mínimo es únicamente de 421,86 dólares mensuales, y la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) 2018 elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) indica que la mitad de los trabajadores chilenos gana cuando mucho el 32,89% más que el sueldo mínimo.

Contextualizando el presente aumento a los precios del metro: un trabajador que ingrese el sueldo mínimo, para transportarse de su casa al trabajo y viceversa, transportarse al menos un día del fin de semana por motivos no laborales estaría gastando el 13,23% de su sueldo solo en transporte.

La situación se complica si observamos el sistema de salud, pues tanto público como privado tienen problemas en Chile. El Fondo Nacional de Salud (FONASA), el sistema público, se caracteriza por sus largas listas de espera. Según el informe del Ministerio de Salud de 2018, el promedio nacional de días de espera es de 469 días, siendo la situación crítica de más de tres años de espera para 14.329 personas.

Por su parte, el sistema privado también enfreta bastantes problemas y es causante del descontento de la población, pues de acuerdo con el Informe Sobre Recursos de Protección de Isapres realizado por la consultora Altura Management, durante los primeros nueve meses de 2019 se ingresaron 190.092 amparos contra el alza de precios base.

Además de que existe un problema de cautividad en el sistema que impide resultados económicamente eficientes, ya que al momento de discriminar por riesgo, las Isapres se reservan el derecho de asegurar a ciertos individuos con base en su edad o preexistencias, que es como denominan a las enfermedades previamente adquiridas. Como resultado, el Informe Único de Cautividad 2019 estimó que un 34,4% de los beneficiarios de Isapres están cautivos, es decir, que en caso de querer cambiarse de institución, no podrían realizarlo.

Y por si fuera poco, la indignación se ha acrecentado desde que se dio a conocer que Piñera pagó únicamente tres años de contribuciones de los casi 30 que evitó pagar de impuesto por su casa de descanso en el lago Caburgua, Pucón.

La situación actual no parece tener fin, y es que una de las mayores críticas a los intentos por solucionarla del gobierno, es que se encuentran desconectados de las verdaderas demandas de la población chilena; que exige al crecimiento económico estar acompañado de incrementos en el bienestar social para mejorar la calidad de vida de todos, y no solo de los deciles más altos de ingreso.



Texto escrito por José Luis Rodríguez Guzmán

Revista Enfoques

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