Qué hacen con el dinero de nuestros impuestos

Qué hacen con el dinero de nuestros impuestos

Qué hacen con el dinero de nuestros impuestos

El debate no es si deben existir o no los impuestos, ya que con las contribuciones se pagan los principales servicios, como salud, educación y seguridad, por lo que en el momento de diseñar el presupuesto de egresos, precisamente esos rubros, junto con el de apoyos sociales, se llevan la mayor tajada del pastel.

La discusión, en todo caso, tendría que centrarse en que precisamente se focalicen nuestras contribuciones en acciones de gobierno que generen un beneficio a la población. Cuando un contribuyente ve que el dinero de los impuestos se ejerce con responsabilidad y en ámbitos como la educación, salud y seguridad, con gusto cumple con sus obligaciones fiscales.

Pero cuando ve que el dinero no va a los hospitales (los cuales están en crisis por el desabasto de medicamentos e insumos); cuando observa que en lugar de generar más plaza para doctores, policías y docentes se invierten miles de millones de pesos en un aeropuerto que no es idóneo, en una refinería que es inviable financieramente o en un tren que amenaza con generar un daño irreversible en la biodiversidad de nuestro país, ahí es cuando comienzan los problemas.

El contribuyente se vuelve reticente en el momento en que aprecia cómo se destinan decenas de miles de millones de pesos a un programa asistencialista, como Jóvenes construyendo el futuro, que tiene más fines electoreros, puesto que como política pública carece de reglas de operación, de una adecuada planeación que permita generar empleos de calidad y dar oportunidades reales de trabajo a los millones de desempleados en nuestro país.

Y los hechos hablan por sí solos: el programa sólo tiene el 1.5 por ciento de efectividad; es decir, de los jóvenes inscritos sólo uno de cada diez es contratado ¿De qué sirve este programa, que busca acabar con el desempleo en un sector esencial, como es el de los jóvenes que no estudian ni trabajan, si sólo el 1.5 por ciento es empleado al término de su beca?

No es una cuestión menor. En este programa se inviertan más de 100 mil millones de pesos. ¿Qué es lo que piensa el contribuyente al ver este dispendio? El asunto de fondo, reitero, es cómo gasta el gobierno el dinero. Va otro ejemplo. Se consiguen más de 4 mil millones de pesos a través de la Unidad de Inteligencia Financiera.

Genial. Pero el dinero, en lugar de invertirse en obra pública, en hospitales, en mejorar la infraestructura escolar, en fortalecer los cuerpos de seguridad, en lugar de todo eso tan importante, se canaliza a la lotería del avión presidencial.

Difícilmente el gobierno de Andrés Manuel podrá convencer al contribuyente de que cumpla con sus obligaciones fiscales, cuando el ciudadano observa que el dinero de los mexicanos se va a programas electoreros o a cumplir los caprichos presidenciales. Y con una crisis económica en puerta, la situación se torna más lúgubre.

Dos puntos

El gobierno de Ignacio Peralta cumple cuatro años sin crear nuevos impuestos ni aumentar los ya existentes, puesto que las modificaciones en algunas contribuciones, como el holograma, derivan directamente de la Unidad de Medida de Actualización (lo mismo sucede con el predial y el uso de agua). Digno de reconocer que eliminara impuesto como el de la enseñanza en escuelas privadas y que tampoco aplicara el refrendo vehicular, como sucedía en otras administraciones.

Esos son los hechos. Hay quienes estarán en contra de su gobierno, pero no le pueden recriminar, con pruebas y argumentos, que ha mantenido una política fiscal afín al contribuyente. Ha mejorado, de igual forma, la contribución estatal, y en gran parte a la modernización de los mecanismos recaudatorios, pero también a que la población ve que el dinero se va a uniformes escolares y obra pública. Es decir, acciones que benefician a la población.

César Barrera

César Barrera