Los olvidados de ‘Jova’

Los olvidados de ‘Jova’

Los olvidados de ‘Jova’

Ni el Gobierno del Estado, ni el Ayuntamiento Capitalino han podido resolver, en casi una década, la necesidad de reubicación de una decena de familias que viven en la Unidad Habitacional Independencia, en el centro de la ciudad de Colima, espacio dañado por el paso del huracán ‘Jova’ en el año 2011.

Para entrar y salir a la vecindad, solo hay un pasillo cada vez más comido por el cauce del Río Manrique. Bajo sus pies, en el firme donde crecen los nietos de Juana Avalos Cervantes, de 4 y un año y medio de edad, hay un socavón que también crece.

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Vista del ingreso a la Unidad Habitacional Independencia.

El riesgo es inminente. Si llueve mucho, podría desgajarse la zona donde todavía una docena de casas se mantienen en pie; si hay una inundación o un sismo o un incendio, pesa la posibilidad de que no puedan salir, pues podría verse bloqueado con facilidad el, día tras día, más estrecho acceso.

Ma. Teresa Silva Hernández lleva, como cuentas de rosario, el historial de las veces que han solicitado ayuda y recibido solo promesas o la nada.

Desde el día de la afectación por el huracán, el entonces gobernador Mario Anguiano Moreno y el entonces alcalde de Colima, José Ignacio Peralta Sánchez visitaron el lugar.

“Vieron, se fueron allá y recorrieron todo, todavía estaba la casa en el voladero y dijeron que iban a ver eso, para ver si nos reubicaban o ver qué solución, pero pues no”. Hace casi nueve años de esto.

“Yo tengo copias de todo –dice con carpetas en las manos–, hace dos años que llevé un escrito al gobernador, otro para el presidente (municipal) y otro para el Insuvi (Instituto de Suelo y Vivienda) y de ninguno hemos tenido respuesta”.

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Realizan reunión sobre suelo socavado.

Leticia George Velazco ha acompañado a su vecina ‘Tere’ varias veces en el viacrucis de buscar soluciones: “nomás nos tenían vueltas y vueltas y nomás no, decían que no estaba la persona que podía ayudarnos, que habían salido de emergencia y nos tenían ahí sentadas por horas y nunca nos atendían”.

En tiempos de campañas desfilan políticos y ofrecen la solución que la comunidad de ‘La Independencia’ añora: la reubicación, para terminar con el miedo, con el que ya viven en amasiato. Pero las respuestas, para los olvidados de ‘Jova’, siempre son solo promesas.

“La casa quedó volando”

11 de octubre de 2011. Nada en la Unidad Habitacional Independencia volvió a ser como antes. La fuerza de la lluvia y los vientos del huracán ‘Jova’ hicieron parecer que las copas de los árboles besaban, al mecerse, la corriente del Río Manrique. Los jueguitos de los niños se aferraban al asfalto de manera heroica: la rueda y la resbaladilla cubiertas de agua, ya no de risas. Las casitas más cercanas al cauce, que realmente estaban muy cerca, parecían también moverse y ese compás provocaba miedo.

Los que aún viven aquí tienen tatuadas estas imágenes en su memoria: lo narran siempre desde el yo personalísimo de quien huyó; de quien corrió a avisar a la vecina; de quien vio la higuera caer y el agua entrar; de quien agarró a su niño y olvidó la cartera y las llaves; de quien rezó, rezó y rezó, ante la imposibilidad de hacer algo más.

Para María Avalos Cervantes lo que pasó ese día solo puede describirse con un adjetivo: “terrible”. Señala donde estaba la higuera, un árbol muy grande, “al tiempo en que se vino la corrientada, cayó, tapó todo este pedazo que era la boca del río y toda el agua se vino hacia acá”; ahora señala el vacío, “al momento se llevó todas las lámparas, el área de juegos, la casa esta, la casa quedó volando, fue algo terrible”.

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Leticia George Velazco

Leticia George Velazco fue alertada de la emergencia por una vecina: “llegó tocarme la puerta para decirme que el agua ya se estaba metiendo para acá; entonces ya mi hijo el grande vino y se asomó y vio que sí; empezamos a agarrar cosas, papeles y todo y nos salimos, nos fuimos con una concuña mía”. En su casa todo quedó como congelado en una pausa de varios días, cuando pudieron volver sus cosas estaban tal y como las dejó: la comida estaba todavía servida, ya echada a perder.

De las 20 familias que vivían en la Unidad Independencia, las que no se fueron a casa de alguno de sus familiares, fueron trasladadas al albergue temporal instalado en el Auditorio “Miguel de la Madrid Hurtado”. Cuatro viviendas, las más cercanas al río, quedaron inhabitables y, desde entonces, el terreno de la vecindad socavado.

Desde aquel día de 2011 el entonces alcalde de Colima, José Ignacio Peralta Sánchez, se comprometió a incluir esta unidad habitacional en las peticiones de recursos económicos para que fuera reconstruida y las familias pudieran regresar con seguridad a sus hogares.

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La vecindad, hoy.

12 de octubre de 2011. El estado de Colima miró a los ojos la magnitud del daño: ríos y arroyos desbordados, espacios incomunicados, inundaciones en los diez municipios, puentes y caminos colapsados, además de dos pérdidas humanas. Los daños por el paso del huracán ‘Jova’ en la entidad se calcularon en mil millones de pesos.

Los meses siguientes, con recursos del Fondo Nacional de Desastres Naturales (FONDEN) se realizaron 560 obras con una inversión estatal y federal de más de mil 100 millones de pesos. Ninguna en la Unidad Habitacional Independencia.

“Con el Jesús en la boca”

Como en un laberinto sin salida, a los propietarios de las casas de la Unidad Habitacional Independencia solo les queda esperar: estar asentados en una zona reconocida como de riesgo impide cualquier transacción en sus propiedades o acceder a la mejora gubernamental.

“Ahí un programa (de parte del Gobierno) no va a entrar, precisamente con el candado de que no pueden vender, no pueden construir, no pueden hacer nada”, explica Riult Rivera, abogado que vigila el caso de la vecindad.

“El primer gran riesgo que tiene ahí la unidad habitacional es que están en el margen del río , pero más riesgo es por lo socavado que tiene ya el pase del agua; el problema se generó así de fuerte cuando el huracán ‘Jova’, hace ya bastantes añitos”, señala el exdiputado.

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Rosalina Ramírez Íñiguez

Rosalina Ramírez Íñiguez le da miedo vivir ahí: “yo aquí vivo sola y estoy discapacitada también, estoy mala de mi vista, diabética y pues aquí vivo sola. Si nos reubican, mejor; me gustaría que mejor nos cambiaran”.

Juana Avalos Cervantes recuerda con emoción el proceso de la adquisición, primero del terreno y luego de las casas, de lo que hoy es la Unidad Independencia. Fue en el año de 1990 cuando, “hasta tomaron fotografías”, con un evento les entregaron sus viviendas; describe que dieron un enganche y las fueron pagando en abonos “como pudieron”.

Ahora la ilusión se terminó y solo queda la preocupación, la intranquilidad, el miedo. “A partir de ese problema que hubo de ‘Jova’, cada vez que llueve estamos con el Jesús en la boca de que vaya a bajar más creciente y nos vaya a llevar a todos”.

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Vista al río, que acompaña la vida de más de una decena de familias.
Arnoldo Delgadillo

Arnoldo Delgadillo

Director at Revista Enfoques