Covid migratorio

Fernanda Salazar 13 de octubre de 2020

Poco se reconoce un problema hasta que se experimenta una situación adversa, cuando algo es tan evidente que las emociones mueven cuerpos y masas; al activar masas automáticamente le otorgamos validez y asertividad para generar un cambio.

La pregunta es, ¿en este 2020, con pandemia, en aislamiento, existirá una movilización forzada? ¿no?

Hablemos de la migración.

La migración es una consecuencia provocada principalmente por factores sociales que limitan el desarrollo, crecimiento e incluso la supervivencia del ser humano; a diferencia de una -mudanza- coloquial, esta implica el desconocimiento de nuevas oportunidades y seguramente retos económicos y de violencia asegurados en el camino.

Los problemas sociales, económicos, políticos y ecológicos son las causas más comunes por las que los individuos buscan dejar su lugar de origen, aspirando a mejorar su condición de vida, si bien, el espacio geográfico presenta un papel fundamental en la toma de decisiones, la pandemia del COVID-19 ha tomado relevancia en el aumento de la población migratoria.

Por su rápida propagación y como parte de las medidas sanitarias, el 92% de los países del continente americano cerró sus fronteras para abril del 2020, impactando directamente en la movilidad global; afectando especialmente al abasto de las dependencias encargadas de asistir a la población migrante.

Con crisis económica, albergues saturados y aumento de desempleo, los países han aumentado el número de población que busca soluciones a través de acciones migratorias, esta pandemia, que ha agudizado la situación de desigualdad social, en la que ya se encontraban.

Sólo en México, ha dejado un número de 100 mil nuevos migrantes en riesgo de contraer Covid-19, sin la posibilidad de atender sus necesidades básicas, mucho menos el tratamiento en caso de contagio.

México es un país de tránsito migratorio, es el puente principal de llegada a EE.UU. para todo Centroamérica, garantizar las condiciones adecuadas de atención para los migrantes y reducir el contagio no es una labor fácil para ningún gobierno, pero deben desempeñarse estrategias de valor que no vulneren los derechos de los migrantes, que no pongan en riesgo vidas, además de ofrecer resoluciones judiciales aptas para los solicitantes de asilo, en donde favorezcamos una regularización orientada a la defensa de los derechos humanos.

El colapso migrante está latente y nadie lo destaca, el gobierno americano ha sumado 65,000 migrantes más solicitando asilo en nuestro país, generando juicios y manutención insostenible. El Covid-19 no ha detenido la movilización migrante, ni lo hará, pero los países podemos mejorar las condiciones de tránsito, la disminución de separación de familias y la prevención del contagio, acelerando así los procesos y disminuyendo la curva de contagio.

Ningún país tiene la capacidad para sostener una población migratoria alta, menos reactiva como lo ha provocado la contingencia, pero condiciones seguras, con acciones oportunas de seguimiento es una planeación que debemos desarrollar y mejorar ya. 

Autor: Fernanda Salazar
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