Conquistar a México

Fernando Gutiérrez 17 de octubre de 2020

La solicitud al Rey de España y al Estado Vaticano del reconocimiento de los abusos cometidos durante la conquista de la Nueva España y una consecuente petición de perdón a los pueblos originarios de México, por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador hace más de un año; tuvieron eco en días recientes, a sazón del día de la raza y la remoción de una estatua de Cristóbal Colón en la Ciudad de México, un eco que el grueso de la población dice no compartir en Redes Sociales, al igual que analistas y actores mediáticos del país.

No obstante, esta aparente disconformidad, y el hecho de haber ocurrido hace más de una año, el tema revive y permanece con facilidad en el relato social de los mexicanos; narrativa que se refuerza en los corredores mediáticos del país, en los cuales tanto analistas como conductores parecemos coincidir en que la petición de perdón a España es un despropósito, pero no podemos evitar reflexionarlo y rebatirlo en nuestros artículos, programas y espacios de opinión, una y otra vez, y cuantas veces sea necesario.

Quizá lo que no comprendemos, tanto actores mediáticos como los mexicanos en general, es el hecho de que, aunque racional o lógicamente no nos parece necesaria una disculpa de España, el tema de la conquista resuena en nuestros sentimientos, como un tema que puede doler como puede alegrar, pero que inevitablemente afecta porque se trata de un aspecto que la mayoría de mexicanos no tenemos claro, y permanece, por ende, irresoluto, no conquistado.

Deshacer el nudo que constriñe la idiosincrasia y el imaginario colectivo de los mexicanos como pueblo, es una tarea que rebasa al presente espacio y escritor, pero creo con firmeza que determinada información y reflexiones podrán, en algún punto el tiempo, lograr una coherencia entre nuestro presente y pasado como mexicanos, para avanzar mejor hacia el futuro.

Los mexicanos no somos una mezcla homogénea de mestizos con una minoría indígena, como se nos ha dicho desde la educación oficial primaria; sino que somos una mezcla heterogénea, en la cual los mexicanos descendientes de la cruza entre españoles y los indígenas de cada región, podemos ser genéticamente tan diferentes unos de otros, como un europeo lo es de un asiático, por lo cual todos somos minoría desde una perspectiva genética; como lo puso de relieve un estudio publicado en la prestigiada revista Science el año 2014, y producto de un muestreo realizado en todo el país e incluso en personas con ascendencia mexicana en Estados Unidos, el cual también revelo que nuestra diversidad genética era mayor a la de otras naciones latinoamericanas.

Nuestra diversidad es la única constante, por lo cual debemos comprendernos como un pueblo genéticamente heterogéneo, pero con una historia en común que comenzó con la llegada de los españoles a estas tierras y su interacción con los indígenas, de la cual emergió esta mezcla genética, la mexicana, distinta a la europea de los españoles que llegaron o a la mesoamericana de los indígenas que habitaban la región.

La diversidad genética de los mexicanos se hace patente en su cultura, manifiesta en una riqueza musical, artesanal, gastronómica que se complejiza hasta conformar la idiosincrasia del mexicano y la parafernalia que nos acompaña. No obstante que nuestra cultura es también producto de la interacción entre lo español –y junto a ello, la cultura árabe, romana y greco-judía – con el hacer y costumbres de los pueblos precolombinos; nuestra cosmovisión, lo que pensamos y como lo pensamos, así como las coordenadas de comportamiento –valores- que nos rigen son eminentemente occidentales; mucho más cerca de la manera en que los europeos entienden al mundo que de los mexicas, o nahuas, y demás pueblos originarios de México.

Porque no solo somos hijos de nuestros ancestros, sino también de nuestro tiempo; y como país, entendido como la nación nacida en 1821 tras la independencia de España, hemos sido influidos cultural y políticamente los Estados Unidos de Norteamérica, nación de inmigrantes protagonista del siglo XX, que coadyuvó a dar su forma, social y política, a nuestro México.

A pesar de que la complejidad que tejió al pueblo mexicano se quiera perder entre las costuras de su historia material y su cultura, imposible de ajustar a unos cuantos párrafos; siempre podemos encontrarla en el ADN de cada una de nuestras células, en cada imagen de nuestra vida cotidiana, y en fondo de nuestras acciones. El pasado ya no existe, y es imposible de cambiar, lo que si podamos cambiar es nuestra comprensión del pasado y con ello conquistar la historia que nos contamos y la manera en que la contamos, para así conquistar nuestro México.

Fernando Gutiérrez
Autor: Fernando Gutiérrez
Psicólogo y Consultor Junior. Apasionado de la escritura y la política. Científico y columnista en mis momentos de lucidez....
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Fernando Gutiérrez
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