Apuntes sobre la crítica (o de la comentocracia en las redes sociales)

Apuntes sobre la crítica (o de la comentocracia en las redes sociales)

Apuntes sobre la crítica (o de la comentocracia en las redes sociales)

Con el artículo pasado que escribí quedó inaugurada la colaboración de un servidor con la revista Enfoques; mi objetivo es fomentar el debate crítico sobre las políticas culturales, la cultura y por supuesto las artes. En consecuencia, estimo necesario el compartir con los lectores algunos apuntes sobre la crítica, y contrastarlos con sus opuestos: la denostación y la burla.

Esta comparación que propongo no es gratuita, ya que implica de manera personal mi labor como docente y el trabajo de mis estudiantes; sin embargo, no pretende ser una defensa, ni caer en la censura de la libertad de expresión o injuriar a los opinantes en redes sociales.

En fechas recientes, alumnos de primer cuatrimestre de la materia de Historia del Arte, en el Departamento de Arquitectura, de la Universidad Vizcaya de las Américas campus Colima, presentaron, como parte de su evaluación parcial una maqueta que replicara una estructura arquitectónica neolítica denominada como crannog. El ejercicio pretendía a grandes rasgos la asimilación de los conocimientos teóricos adquiridos durante su primera parcial y su ejecución en la práctica.

Las instrucciones fueron el utilizar materiales que por su naturaleza, color o textura emularan las características de esta edificación oriunda de los lagos de Irlanda y Escocia. Los estudiantes acometieron la labor con entusiasmo y empeño, buscando reproducir a detalle no únicamente las formas del edificio sino también las condiciones físicas de los sitios donde se encontraban. La maqueta fue entregada en tiempo y forma por un equipo de siete integrantes que trabajaron duramente por una semana y el resultado, de acuerdo a los estándares fijados en clase, fue satisfactorio para mí y para los directivos de la escuela, que decidieron subir a las redes sociales de la institución una fotografía grupal en la que aparezco al lado de mis alumnos.

En los días sucesivos, que coincidieron con el fin de semana, la publicación de la escuela – a la cual hacía falta contextualizar- , comenzó a llamar la atención de personas de distinta índole, entre las que se cuentan estudiantes de preparatoria, estudiantes de arquitectura de otras instituciones, transeúntes curiosos de las redes sociales y arquitectos con más o menos tiempo de haberse titulado. Los comentarios, – que no repetiré porque en nada abonan a una conversación sobre arquitectura, arte o estrategias educativas-, iban de la simple risotada a la indignación farisea de los que vieron en el esfuerzo de estudiantes que al día de hoy llevan un mes y días de comenzados sus estudios, la ocasión de burlarse de su trabajo, de apuntar la supuesta superioridad de las instituciones en las que estudian o de las cuales egresaron y por ende de su propia superioridad o los más exagerados, de señalar con furor la profanación del arte y la ciencia de la arquitectura.

La publicación de los resultados de este proyecto se hizo en el transcurso del fin de semana viral, tanto que a la fecha cuenta con proyección nacional en la página web de notas periodísticas cómicas El Deforma. Todo lo anterior es comprensible y apegado al derecho de libre expresión, pero no lo salva de ser criticable.

La crítica, como a continuación verán, es un ejercicio necesario para el mejoramiento de los objetos que se posicionan en su campo de acción, es decir, que la crítica no se realiza para destruir aquello que se critica, sino para señalar las maneras en las cuales se puede perfeccionar. El buen crítico político, cultural o del arte no odia la política, la cultura o las artes, al contrario, las tiene en tan alta estima que busca a través de su labor abonar conceptos para su buen desarrollo.

El conocimiento de causa en la materia que se pone en valor es un elemento fundamental para la buena crítica, en otras palabras, para poder criticar un fenómeno es importante conocer sus motivos o razones de ser, su contexto. Por otra parte, el crítico de profesión, que aunque evidentemente tiene sus posturas personales en cuanto a temas, ideologías, estilos artísticos y cuantas cuestiones sean el objeto de su trabajo, no pierde la objetividad al momento de emitir sus opiniones en conferencias, artículos, reseñas o columnas. En suma, la crítica como profesión es aquella que desde la estima emite opiniones contextualizadas arduamente, con amplio conocimiento del fenómeno y con honorable objetividad. Todo lo contrario constituye su antítesis, la burla.

En su libro De l´Homme el escritor francés Jean de La Bruyère (1645- 1696) asevera que “la burla significa, en muchos casos, falta de ingenio” a lo que agrega que también muestra con claridad pobreza espiritual. Y es que a falta de estima de aquello que es objeto de la burla, el burlador se convierte en un ente sin empatía o dicho de otro modo, incapaz de verse a sí mismo en el otro. De ahí que muchos de los profesionales anteriormente mencionados sean incapaces de reconocer que alguna vez también fueron estudiantes principiantes, sin conocimiento de escala, manipulación de materiales para la creación de modelos o del uso de software para el diseño de modelos en tercera dimensión.

La burla como recurso es también un ladrillo frágil en el cual el soberbio emparapeta para darle estructura a su pretendida superioridad, este ladrillo se quiebra fácilmente ante la realidad de que al buen arquitecto no lo hace la escuela únicamente, sino también sus propias reflexiones sobre la arquitectura. Lo que resulta preocupante para el caso que aquí expongo, porque la calidad de los comentarios no hace referencia a otra cosa sino a la insuficiencia reflexiva de sus emisores. 

De igual manera y en terrenos más mundanos, denota falta de curiosidad para llegar al fondo de las cuestiones que son objeto de burla; por ejemplo, al mofarse de un trabajo de clase sin saber cuáles fueron los requerimientos para su ejecución. Consecuentemente con esto también se hace notoria la deficiencia en la comprensión de la lectura y en conocimientos de la historia de la arquitectura, arte que tiene sus humildes comienzos en estructuras como la que los estudiantes en cuestión lograron con éxito representar, ello, cabe resaltar, con los recursos técnicos y materiales limitados por el corto tiempo que llevan estudiando, pero también con entusiasmo, humildad, puntualidad y honestidad.

En las primeras líneas de esta columna asenté que esto no se trataba de una defensa, pero no porque no respalde la labor de estos jóvenes estudiantes, sino porque ante la dignidad con la que ellos realizaron su trabajo y la gracia con la que posteriormente recibieron las denostaciones de los comentócratas desinformados de las redes sociales, la burla es absolutamente impotente. 

Adenda: los estudiantes de todos los niveles son importantes para el mundo, ellos son los que en el futuro trabajarán en las soluciones a los problemas que dejemos para el mañana, pero esto no sucede sino poco a poco, con trabajo y perseverancia. La dedicación docente y la paciencia son vías de fomentar su desarrollo académico. Mis estudiantes son buenos y están bien.                      

Juan Ramírez-Carbajal

Juan Ramírez-Carbajal

Artista visual, promotor e investigador de las artes. Docente de la Escuela de Arquitectura del Centro de Estudios Universitarios Vizcaya de las Américas.