Analizamos el discurso del informe de AMLO y esto es lo que encontramos

Analizamos el discurso del informe de AMLO y esto es lo que encontramos

Analizamos el discurso del informe de AMLO y esto es lo que encontramos

El discurso que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, emitió con motivo de su Primer informe (constitucional) de gobierno estuvo compuesto por dos secciones fundamentales: a) La primera se refirió a los logros de la política económica del gobierno que encabeza; y b) la segunda, a los alcances de su política social. Trasversal a estos dos grandes apartados, el presidente presenta su primer año de gobierno como el inicio de la reparación de los agravios que una élite malvada cometió en contra del pueblo bueno. Esta narrativa se alinea con el estilo de comunicación populista que ha caracterizado a las conferencias matutinas del presidente.

La enumeración de resultados macroeconómicos se extiende a lo largo de los primeros dos tercios del mensaje presidencial. Este grado de prioridad revela un esfuerzo del presidente por legitimarse ante detractores y escépticos, que no dejan de augurar una catástrofe como resultado de la supuesta incapacidad del Ejecutivo en materia económica.

Si bien no es ninguna novedad el tono triunfalista en los informes de los mandatarios; en el caso de Andrés Manuel, la enumeración de los éxitos macroeconómicos constituye un doble discurso. En un momento de la elocución, el presidente despotrica contra “la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico”. Sin embargo, los asuntos que se mencionan en este bloque temático –la producción del petróleo, la inversión extranjera, la inversión en infraestructura, los megaproyectos, el ahorro fiscal, los ajustes presupuestales– son manejados con pulcritud tecnocrática en miles de millones de pesos o dólares. En pocas palabras, el presidente reniega de los indicadores tecnocráticos, sólo cuando no le favorecen.

El presidente inicia la descripción de los alcances de la política social con una exaltación bucólica al pueblo: “en el campo aún existe una forma de vida sana, llena de valores morales y espirituales”, delineando un apartado del conflicto entre el pueblo campesino y los tecnócratas citadinos. Lo más relevante de esta sección se encuentra en los cambios en el proceso de destinar recursos que promuevan cierta equidad socioeconómica en la población. Los procesos institucionales se demonizan, se decapitan, y se convierten en procesos personales. Todo apoyo procede del presidente o no procede. Cada cifra que se menciona como un aumento en el gasto destinado a programas sociales no necesariamente revela una necesidad no atendida por las administraciones previas, sino que el presupuesto se hace visible a través de la entrega directa a las y los ciudadanos.

Mil, por ciento, millones, son términos que salpican el texto y que dan cuenta de montos monetarios o número de beneficiarios de los programas sociales. La dureza de la cifra confiere a la palabra una sensación de certeza, no obstante, los investigadores de Animal Político han demostrado que muchas de estas cifras no son comprobables. El mensaje del presidente es, pues, un acto de fe y probablemente haya sido diseñado con este propósito. Se crea en el mensaje o no se crea en él, de momento es inatacable.

Hay temas en el discurso cuya ausencia preocupa. La política científica del país queda resumida en un par de líneas: “El CONACyT incorporó con becas de posgrado a nueve mil estudiantes adicionales a los que ya recibían beca”. La sustentabilidad ambiental se circunscribe a la implementación de grandes proyectos como Sembrando Vida y los apoyos a actividades agropecuarias. Y hay temas cuya prevalencia y extensión asimismo descorazonan: un elogio desmedido a las fuerzas armadas, y la justificación de su participación en la lucha contra la delincuencia en el país. Por mucho que el presidente reitere que los programas sociales hacen la diferencia en la atención a este problema, su política para enfrentar a la delincuencia es una continuación de la política de los dos sexenios anteriores.

De forma exitosa, el presidente pone sobre la mesa con este discurso, como lo hace en sus conferencias, los temas en los que elige que se presente el debate ideológico en el país: los indicadores económicos, los programas sociales, y el apoyo o rechazo a su persona. Los adversarios, dice, son conservadores; y al revés, el pueblo está feliz, feliz.

Simplificar de esta forma la polarización, como el debilitamiento institucional, el personalismo, y la denostación continua de la prensa, son elementos que encajan perfectamente en un modelo de comunicación populista. Sin decir si el populismo es bueno o malo, opinaría que es preocupante el aumento aparente en el poder que concentra un gobernante cuyo mandato dura sólo seis años. A final de cuentas, son las instituciones las que trascienden a los gobiernos y no deberíamos depender tanto de la presunta calidad moral de las personas en puestos clave para que el país se conduzca de una manera o de otra.

Finalmente destaco un dato cuantitativo. Las palabras favoritas en los discursos del presidente son “va”, “van”, “vamos”. Habrá que observar si a lo largo de su mandato, este hecho evoluciona. Por lo pronto el presidente dibuja un horizonte. Promete. Por una razón u otra, sigue en campaña.

primerinforme
Este es en el análisis por términos del discurso de AMLO.
Dr. Rubén Flores González

Dr. Rubén Flores González

Doctor en psicología especialista en temas de Psicología Política. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores en nivel "candidato". Sus intereses en investigación psicológica se enfocan a las actitudes políticas, la ideología, y el estudio del comportamiento electoral. En el área de la comunicación, se interesa por el estudio de los efectos de los medios en la cognición y actitudes políticas de los ciudadanos. Actualmente es coordinador de la Especialización en Estudios de Opinión de la Universidad Veracruzana, e investigador del Centro de Estudios de Opinión y Análisis, en la misma universidad.