¿AMLO busca una nueva reforma fiscal?

¿AMLO busca una nueva reforma fiscal?

¿AMLO busca una nueva reforma fiscal?

Entiéndase que cuando los políticos hablan de una nueva reforma fiscal, en realidad, lo que quieren decir son nuevos impuestos. En el periodismo, no caben los eufemismos, esas palabras que tratan de ocultar la realidad o atenuarla con términos de relumbrón, vocablos fosforescentes que encandilan a quien las escucha.

Por eso, cuando escuchamos que murieron inocentes en un operativo dicen que hubo daños colaterales, cuando hablan de desaceleración económica se refieren a una caída en el crecimiento económico; son términos que utilizan y seguirán utilizando los que detentan el poder, como lo hicieron en el pasado y lo siguen haciendo ahora.

La propuesta del dirigente de Morena de fiscalizar la riqueza de las personas, a través del Inegi, va más allá de configurarse en un indicador, uno más de los que ya maneja este instituto de estadística y el Coneval: ya sabemos, de manera estratificada, el nivel de ingreso de la población. Conocemos, estadísticamente, los grandes contrastes sociales que dividen de manera abismal la brecha entre pobre y ricos.

No va por ahí el buscapiés que aventó el gobierno federal a través del dirigente nacional de Morena, partido que detenta el poder. Lo que buscan es preparar el campo para implementar nuevos impuestos, lo que ya sucedió en los hechos con el gravamen a las plataformas digitales que se trasladó, de manera automática, a quienes utilizan servicios como Netlix.

Y el gobierno está envalentonado, en ese sentido, porque no pasó nada: el presidente prometió cuando asumió la presidencia que no habría nuevos impuestos durante los primeros tres años de su gobierno, pero al segundo ya los consumidores de plataformas digitales estamos pagando más por este nuevo gravamen que se aprobó a finales del año pasado.

El régimen podrá, eufemísticamente, decir lo que quiera: que es un impuesto a las empresas que proveen este servicio, no al contribuyente, pero en la realidad, en los hechos está recaudando recursos con este nuevo impuesto, producto de un aumento en el costo de los servicios de plataformas digitales que pagan directamente los usuarios, no las empresas.

Por otro lado, el gobierno federal, en estos momentos, lo que busca es obtener mayores ingresos, más recursos para canalizarlos a sus programas asistencialistas, como Jóvenes construyendo el futuro, entre otros más, que son poderosas herramientas para la coacción del voto, como en su tiempo lo hizo el PRI con otros programas sociales, mismos que tanto criticó Andrés Manuel.

No se quedan fuera, dentro de esta lógica, sus proyectos insignia, como el Tren Maya, la refinería en Dos Bocas y aeropuerto de Santa Lucía, obras inviables, técnica y financieramente, que no despiertan el interés de la iniciativa privada y, por lo mismo, tienen que ser subrogadas con recursos públicos. (Qué inversor, en sus cinco sentidos, le va a invertir de su dinero a un gobierno que no respeta contratos ni leyes, y ahí está los que sucedió en Texcoco con los contratos cancelados y que aún estamos pagando, por su incumplimiento, el contribuyente).

El presidente lo sabe y por eso no se va a tocar el corazón para una nueva miscelánea fiscal, donde se buscará, como siempre, gravar al sector de la sociedad que siempre paga: la clase media y media alta. Porque, eso sí, ni pensar en cobrarle más impuestos a los Barletts, Slims, Azcárraga, Salinas Pliego, a los ricos y poderosos que ahora congenian con el poder y que le sirven. A esos les pasa la charola, cenando tamales, pero ni pensar en cobrarles sus miles de millones de adeudos.

Tan es así, que el SAT no les ha cobrado los que les debe y, en algunos casos, como ocurre con verdaderos hampones, les han eliminado esos pagos por supuestamente no encontrar bienes ni recursos para cobrarse. Ahí, sí, inteligencia financiera brilla por su ausencia, pero cuando se trata de los enemigos políticos del presidente, las cuentas están bien congeladas.

¿Cómo entender, en estos tiempos modernos, cuando el dinero se mueve vía digital, que los grupos poderosos del crimen organizado mantengan intactas sus estructuras financieras, mismas que los empoderan ante la sociedad, con armas y despensas?

Ya no hablemos de la corrupción, esa mina que dijo el presidente que le daría arriba de 200 mil millones de pesos y que al final, lo que resultó, fue sólo retórica, pues los apoyos asistencialistas se sustentan con los impuestos que pagan los mexicanos.

Y esta realidad la reconoce el mismo presidente, al aseverar que no condonó impuestos durante la pandemia, a las empresas generadoras de empleo, porque entonces no tendría recursos para darle a los pobres. No, la respuesta no es cobrarle más a los que siempre pagan, sino mejorar los mecanismos de recaudación y, sobre todo, optimizar el gasto del gobierno. Conque el presidente no se ha distinguido por hacer lo correcto, sino lo que más le conviene. Y a los hechos me remito.

Dos puntos

Al contrario del gobierno federal, el gobierno del estado condonó temporalmente impuestos a pequeñas y medianas empresas, así como al sector hotelero, lo que  beneficia casi al 80 por ciento de las unidades económicas del estado. Además, ha mantenido un diálogo ininterrumpido con las cámaras empresariales, cuyos negocios dan empleo a la mayoría de colimenses. Este diálogo entre el gobernador y los sectores permitirá seguir manteniendo, en la medida de lo posible, acciones que contribuyan a prevalecer empleos, tan indispensables para que la economía en Colima no caiga.

César Barrera

César Barrera