Ahora, la crisis política

Cesar Barrera 29 de octubre de 2020

Tres han sido las crisis que detonó el gobierno de López Obrador, problemas que antes no había y que ahora, por malas decisiones del gobierno y por la pandemia, surgieron para el mal hado de las y los mexicanos (la crisis de seguridad no la contamos, porque esa ya existía, aunque ahora se agudiza y los grupos criminales se fortalecen).

La primera crisis fue la económica; incluso antes de la pandemia, la economía en México ya iba mal: con López Obrador en el poder se rompió un crecimiento económico en promedio del 2.0 anual, el cual se mantuvo desde el 2010 hasta el segundo trimestre del 2019, cuando se registró un margen negativo de -0.1.

Es decir, AMLO recibió un país cuya economía crecía 2.4 por ciento en promedio al año y que, durante su administración, en el 2019, registró una tasa negativa de crecimiento de -0.4 por ciento. Así, la economía mexicana, en recesión, entró a la crisis de la pandemia.

Este es un problema que surgió con AMLO, pues, incluso con los corruptos y neoliberales no había una crisis económica porque el PIB crecía y había una generación de empleos importante: durante el sexenio de Peña Nieto se crearon más de 4 millones de empleos formales, con un promedio de casi 100 mil plazas nuevas cada mes.

Ahora, esos márgenes de crecimiento y de generación de empleos son inalcanzables. Y el tema no es menor, porque el mismo AMLO en campaña prometió que México crecería un 6 por ciento, luego lo bajó a un 4 por ciento, posteriormente dijo que 2 por ciento y, al final, mejor sugirió que se cambiara el indicador y se midiera mejor el bienestar y la felicidad.

No obstante que cuando era oposición, criticó el crecimiento del 2 por ciento anual y aseguró que todos los grandes males del país se debían, precisamente, a esa falta de crecimiento económico y la corrupción, ésta última como la primera causa de que no creciera el PIB. Ahora, seguramente, hay más corrupción, pues la economía no crece. 

¿Por qué sí había crecimiento económico antes y ahora, que se combate la corrupción como nunca, la economía mexicana cae vertiginosamente? Mucho tienen que ver las decisiones de este gobierno: cancelar grandes proyectos de inversión, generar incertidumbre entre los inversionistas, despreciar a los emprendedores, recortar el gasto de la inversión pública y también no apoyar a la mediana y pequeña empresa. Ahí están los resultados de estas acciones.

En ese orden, la segunda crisis que detonó el gobierno de AMLO fue la pandemia. Si bien ésta era inevitable y se configura como un factor externo, un gobierno debilitado económicamente por la recesión y que se centró, en lugar de aplicar políticas públicas efectivas en reducir los contagios, en minimizar el Covid-19 y equipararlo a un simple resfriado.

Los más de 89 mil muertos, que rebasan por mucho ese escenario catastrófico que previó López Gatell, no se pueden desvincular de las frases desafortunadas del presidente, al principio de esta pandemia: “abrácense, no pasa nada”. La crisis nos cayó como anillo al dedo. El Covid sólo le da a los corruptos. Y las medallitas como principal protector en lugar del cubrebocas, el cual se niega a utilizar en público el presidente.

No hay otro mandatario a nivel mundial, a excepción quizá de Trump y Balsonero (cuyos países están en el primer lugar y segundo en número de muertes, respectivamente) que muestran ese comportamiento. Por eso México está en cuarto lugar, sólo por debajo de la India, país que tiene más de mil millones de habitantes.

¿Por qué Japón, Filipinas, Egipto, Vietnam y otros país con una densidad demográfica parecida a la de México no tienen la cantidad de muertos que México por covid? La pandemia pegó en todos los países, pero en México sí ha devenido en una crisis, todavía de proporciones incalculables, y esto por las malas decisiones del gobierno federal, los mensajes contradictorios y la permisividad de la autoridad sanitaria.

Van dos crisis, crisis que no existían y que surgieron en este gobierno. Y la tercera, realmente, es inexplicable. Es una crisis que se buscó de gratis el presidente, como si no hubiera demasiados problemas en México, convulsionado también por el flagelo de la violencia delincuencial.

La tercera crisis es la política. El presidente, por su forma de ser, su trato intransigente, su necedad por no sentarse a dialogar, ha tensado a tal grado las relaciones con diez gobernadores que están a punto de romper el pacto federal. Esto por el trato abusivo del gobierno federal, que se empeña en desaparecer fondos y fideicomisos, así como abusar de la tijera para recortarles recursos.

La alianza federalista, de la cual el gobernador Ignacio Peralta forma parte, responde a la necesidad de hacerle frente a estas malas decisiones que toma el presidente, mismas que propiciaron las dos crisis antes mencionadas.

El objetivo es bueno: que no haya recortes y que el gasto del gobierno federal no sea discrecional, sino que responda a las necesidades de las entidades, y que no se vayan para financiar programas asistencialistas, de corte electoral, y obras faraónicas sin utilidad social.

El problema con el presidente es que no busca seguidores, sino fieles; no busca dialogar y alcanzar acuerdos consensados con quienes no piensan igual que él, porque exige una confianza ciega. ¿Y a dónde nos ha llevado esta confianza ciega en los últimos dos años?

Dos puntos

La elección de Cristian Torres Ortiz Zermeño fue un acierto, por parte del consejo universitarios. Representa un cambio generacional, ante los nuevos retos que afronta la Universidad de Colima, la institución universitaria más importante en el estado. 

Cesar Barrera
Autor: Cesar Barrera
Periodista. Maestro en educación. Analista político....
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Cesar Barrera
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Periodista. Maestro en educación. Analista político.
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